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Textos Sul-Americanos

Civilización Mc-Cola

Bruno Peron, 5 de Febrero de 2012

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La crisis que hoy enfrentamos no es financiera, sino civilizatoria. Es reduccionista la afirmación de que la economía es la culpable de todo, como si ella fuese un atributo de la naturaleza que regula las relaciones humanas. Desde las expresiones de comida-basura hasta el papel decepcionante de las empresas detrás de los procesos de transnacionalización, el déficit es de las actuales pautas civilizatorias.

No sólo los hábitos alimenticios se degradan en la indigestión de las marcas, sino que los supuestos agentes de la educación y del “proceso civilizatorio” no saben qué hacer con tanto poder. Se pierden en la banalidad de programas fútiles y antieducativos, tanto en la radio como en la televisión, o en la tentativa de controlar el conocimiento, como fiscales de derechos de autor en Internet.

Poco importa si la referencia es a un país más o menos civilizado, cuya categoría es tan relativa como el gusto o el sabor, o si ya fue colonia o metrópoli, o si es pobre o rico, o si es pasivo o activo frente a lo que los banqueros hacen con el sudor de los contribuyentes, a través de sus tasas bancarias. Dicen que la culpa es siempre de los flagelados, de los endeudados, de los migrantes.

La humanidad ha alcanzado una crisis civilizaroria sin precedentes.

Cuando se apostaba a que Estados Unidos o Europa rescatarían a los demás países y regiones de la “barbarie”, o del “exotismo” o del “atraso”, ellos mismos se confirman como artífices de la desgracia, corsarios de sus excolonias, expoliadores de las finanzas mundiales, sembradores de multiculturalismos segregacionistas, para los cuales el mestizaje es un mito del “tercer mundo”.

Nuestras pretendidas referencias están paradas mirando hacia atrás.

El Estado perdió influencia en relación a los demás actores sociales en el circuito global, pero no ha renunciado a su importancia. Hasta el mismo Obama, jefe de Estado de la más “mercadológica” de las naciones, reitera que la salvación vendrá de las políticas públicas, que regularán los excesos neoliberales. Hay que considerar que las políticas de empresas transnacionales poseen a menudo un impacto mayor que las que se elaboran en el ámbito de los gobiernos. La pregunta es: ¿qué hacen con este poder?

Las políticas de los países económicamente avanzados frecuentemente son más importantes que las de los organismos internacionales en los países “periféricos”. En contrapartida a la Organización de Estados Americanos (OEA), la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), desafía esa relación de poder.

En otros términos, gobiernos nacionales y organizaciones internacionales perpetúan los debates sobre el desarrollo en función de cifras económicas y favores políticos, en vez de tener en consideración que la noción de desarrollo se ha vuelto tan abarcadora al punto de que incluye los irrenunciables aspectos societarios y culturales. La esfera de la creatividad es, por lo tanto, una de las aristas del desarrollo. El reconocimiento es el que vino después.

El problema de buena parte de la civilización actual es lo que se transmite en términos educativos de una generación a otra. Los núcleos educativos (hogar, escuela, vecindad) están cada vez más presionados por lógicas exógenas que hacen creer que los jóvenes tienen todo el mundo a su alcance, a través de los medios de comunicación y otras “ventanas” que se abren para algunos y se cierran para otros.

Los aparatos de “convergencia digital” se tornan tan importantes para ellos, al punto de sustituir las afectividades que acostumbran a dar sentido y vincular la civilización. Éstos se resumen, de este modo, al principio “Mc-Cola”, cuya trama se establece en el plano superficial del consumismo, en detrimento de la estructura vinculante inherente al “proceso civilizatorio”.

Es hora de rever los proyectos de civilización “engavetados”, “sepultados” o “arqueologizados”. América Latina posee un número de próceres poco recordados, concepciones minoritarias y autóctonas (que incluyen las cosmovisiones amerindias), y sus contribuciones al sincretismo y el mestizaje, para cumplir con el presagio de la “raza cósmica” del mexicano José Vasconcelos.

La tarea puede ser el rescate de aquello que no se desarrolló, o de una apertura para un proyecto nuevo y exclusivo. En alguno de estos horizontes, ideales diferentes de los del consumismo y del culto a lo exógeno, deberán nortear a la humanidad en sus expresiones civilizatorias.

 

* Traducción del portugués: Miguel Guaglianone.

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