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Textos Sul-Americanos

El indianismo de Fausto Reinaga

Bruno Peron, 17 de Marzo de 2012

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Fausto Reinaga sostuvo que el pensamiento europeo proviene de la mitología griega, mientras que el del indígena tiene bases científicas y naturales, de relación mutua y respetuosa con la naturaleza. Sin embargo, no todos aceptarían que la autoridad de la ciencia no estuvo en los pensadores del Viejo Mundo (los filósofos griegos, los iluministas, etc.) o que lo maravilloso se cultivó en un lugar diferente del “nuevo mundo”, que Cristóbal Colón dijo haber descubierto.

Fausto Reinaga nació el 27 de marzo de 1906 en Colquechaca, Departamento de Potosí, Bolivia. Fue escritor, historiador, filósofo, ensayista comprometido políticamente y sobre todo un provocador de las elites establecidas y de las ideologías vigentes.

Conquistó renombre como defensor de la causa indígena, sobre todo entre las organizaciones andinas dedicadas a ellos. Habló sin melindres de la “raza india” cuando el concepto estaba por desaconsejarse para ceder lugar al de “etnia”.

Reinaga sustentó la reconstrucción del “Tawantinsuyu”, referencia geográfico-cultural que alude a los cuatro “suyos” o divisiones territoriales o macroprovincias que constituían el Imperio Inca. Sus límites abarcaban buena parte de la región andina.

Reinaga se incomodaba con el uso del término “campesino” para referirse al “indio”, visto que, en su concepción, aquel nombre institucional era una forma de esquivar lo que realmente eran los nativos antes de la ruina y el exterminio que les trajo la “modernización”. El pensamiento indio, según Reinaga, salvará a la humanidad de la catástrofe que los Occidentales están dispuestos a provocar.

La noción de “indianismo revolucionario” es contraria al Cristianismo, al marxismo y a las intervenciones (históricas y presentes) estadounidenses y europeas en América Latina. El nudo de su propuesta “indianista” se sitúa entre la publicación del primer libro “Mitayos y yanaconas” (1940) y el del último libro, “El pensamiento indio” (1991). Criticó además las ideologías y formas de vida occidentales, y las masacres que la Iglesia Católica promovió. No le faltaron motivaciones para fundar el “Partido Indio de Bolivia”, cuyo mecanismo institucional le permitió luchar políticamente por las ideas indígenas.

La posición ideológica de Reinaga, a despecho de tener siempre al indio como punto de partida (y de llegada), tuvo inestabilidades que lo llevaron a aceptar menos los modos de vida exteriores que los de sus comunidades en Bolivia. Viajó a México para estudiar cuestiones agrarias en los años 40; luego se exiló más de un año en Buenos Aires; más adelante, en la década de los 50, se frustró de las ideas comunistas, luego de haber hecho un viaje a Rusia, al punto de reconocer que ellas no son la solución para la cuestión indígena en Bolivia y que no los liberarían de la opresión. Propuso algo diferente.

El libro “La revolución india” (1970) es fundamental en la fase de construcción del “indianismo” en el pensamiento de Reinaga, condimentado con una dosis de pesimismo en relación a la modernización boliviana y críticas mordaces a lo que algunos intelectuales propusieran para el país. Reinaga ofreció una férrea oposición contra algunos personajes de la política nacional boliviana y de la intelectualidad de este país (que, según él, entregó a Bolivia a la opresión extranjera), fue un crítico del “cholaje blanco-mestizo”, género de mestizaje que ocurre en Bolivia y por el cual se encubre la propia identidad en lugar de valorizarla, según su opinión.

Reinaga defendió la creación de una “comunidad amáutica internacional”. El nombre hace referencia a una gran comunidad indígena cuyo pensamiento se contrapondría al de los “grandes” filósofos que segregaron al hombre de la “Pacha Mama” –la Madre Naturaleza– en lugar de unirlo a ella. Volvemos a la “mitología” a la cual Reinaga asoció el pensamiento europeo.

Hay que entender la situación boliviana, hoy una isla de refugio indígena en medio de la cacería diezmadora que se perpetró contra los nativos de los países vecinos. Reinaga no se contentaría entonces mientras el movimiento “amáutico” no trascendiera las fronteras bolivianas y se equiparase a lo que fue el “Tawantinsuyu”, a pesar de las variaciones étnicas entre los amerindios y la propia noción destructiva que implica un Imperio.

Fausto Reinaga falleció el 19 de agosto de 1994. ¿Por qué hoy se revigoriza su pensamiento? Él nos hace pensar en una de las raíces de la configuración identitaria actual de América Latina, la indígena, al punto de cuestionar la viabilidad de esta modernidad que nos anula –en vez de fomentar– la libertad y todavía cercena nuestro derecho de usufructuar una vida digna, solidaridad y respeto a la diversidad, libre de fanatismos homicidas.

 

* Traducción del portugués: Miguel Guaglianone.

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