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Textos Sul-Americanos

El mecanismo del clic

Bruno Peron, 15 de Abril de 2012

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La mayoría de las referencias a los ciclos de la cultura nos remiten a que ella ha de atravesar por la producción, la circulación y la recepción. Estas etapas cíclicas pueden también llevar otros nombres: se pasa de la generación a la distribución y luego al acceso; o de la gestación a la transmisión y al consumo.

Aún así, cada etapa no depende por si sola de un mecanismo automático de “clic”, pues cada una de ellas poco informa individualmente. Es preciso un complemento, algo más.

No basta, por ejemplo, con producir cine de calidad, si su única exhibición se realiza en una sala de aula como parte de un trabajo escolar, o si las películas se almacenan en un depósito de materiales que no fueron seleccionados por el incentivo financiero de un posible patrocinador. “Hay para todo el mundo”, pero no tanto como se idealiza.

Con todo, un día ese cine (o su proyecto), también dependerá de un “clic”.

Bastaría con que los artistas con aptitudes ejercitasen su arte sin ninguna restricción. Sin embargo unos se quejan de que no es posible ganarse la vida a través de ese oficio debido al bajo reconocimiento de su oficio; otros se lamentan de que el acceso a los espacios de exhibición se realiza más por criterios económicos que estéticos. Las disputas por protagonismo, renta y prestigio suprimen lo bello y la crítica. Nada se tarda en que sigan la tendencia a los “resultados automáticos”.

El abordaje cultural es una forma disfrazada de hablar de todo sin caer en el estigma de la generalización. Cuántos de nosotros nos preguntamos sobre lo que se quiso decir con tal o cual afirmación o acción o actitud, antes de que cayeran en el “clic”, en la fatalidad de que las cosas deben ser cultivadas antes de que se conviertan en hábito. Así se sancionan dichos y proverbios, fórmulas de acción y esperanzas, procedimientos que renuncian al raciocinio porque se arriba a ellos por el mecanismo del “clic”.

Nuestro disfraz se encuentra en la educación que se transmite de una generación a otra, cuyo (des)valor es vivir para y no del dinero, y en un modelo de civilización que degrada, en lugar de condicionar al ser humano a estar apto para vivir en un “planeta en regeneración”.

El sistema de “clic” nos deja una deuda cuantiosa que debe ser pagada en prestaciones. La primera de ellas es con nuestros familiares: ¿Cómo contribuyo con el bienestar de la familia? La segunda es con la sociedad: ¿Estoy preparado para pensar y actuar colectivamente? La tercera y las futuras podrán evitarse, si somos capaces de pagar las primeras adecuadamente.

Tenemos constantes flujos de pensamiento que nos llevan a comparar con situaciones diferentes, a veces idílicas o ingenuas, el dolor que sentimos. ¿Y si no tuviéramos esta imperfección o este problema? ¿Y si cambiáramos totalmente de vida? ¿Y si realizáramos hoy nuestros sueños? Entonces no habrían logros. Es bien probable que padeciéramos de sinsabores e insatisfacciones todavía desconocidos por la tentativa de burlar la responsabilidad o esquivar las obligaciones.

Toda alegría y todo dolor tienen comienzo, medio y final. Toda recepción comprende algo que se creó y circuló. Toda producción espera quien la consuma. Aquí se aplica la ley de causa y efecto.

El “clic”, por lo tanto, es la asimilación mecánica de una experiencia ya vivida que se reproduce sin meditación. Su efecto es la mera reproducción con la confianza en que el antecedente haya creado por sí solo un contenido edificante.

De lo contrario, ¿qué recibirían los hijos de este planeta sino guerras impiadosas, hábitos insalubres y valores corruptos? Y más: ¿qué herencia recibirán los nietos de la Tierra?

Está en sus manos. Haga las cosas sin disfraces. Haga “clic” con su responsabilidad.

 

* Traducción del portugués: Miguel Guaglianone.

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