Retorne ao site institucional brunoperon.com.br

Textos Sul-Americanos

Cultura en cuentas satélite

Bruno Peron, 29 de Abril de 2012

  • Compartilhe no Twitter
  • Compartilhe no Facebook
  • Compartilhe no Google+
  • Compartilhe no LinkedIn

 

Académicos, burócratas y ejecutivos en el área de la cultura concuerdan con la dificultad de medirla, aunque ya haya sido convertida en una industria y se hubiera supuesto, por eso, que sería una tarea más fácil. El primer desafío que se encuentra para responder es a la cuestión de qué se debe considerar cultura. El segundo –y no menos importante– es en qué instancia del proceso debe ser medida: en la producción, en la circulación o en el consumo cultural.

Hasta hoy se debate sobre cuál es el método más eficaz para compilar y organizar datos culturales para que se conviertan en indicadores de procesos sociales dignos de consideración para el diseño de políticas. Datos en bruto sobre la cultura representan tan poco como un mazo de cartas mezcladas. De esta forma, no bastaría reunir estadísticas copiosas sobre el sector cultural sin una finalidad, como la de acompañar tendencias de transformación de los hábitos culturales de una sociedad.

Aunque el tema se haya tornado más frecuente en la pauta sobre cultura, las discusiones en torno a la recolección y la organización de datos culturales por ministros latinoamericanos datan por lo menos desde mediados de los años 90, cuando se realizaron las primeras reuniones especializadas en Cultura del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). El tema volvió a discutirse en base a la información recogida en varios países latinoamericanos durante el “Seminario sobre Sistemas de Información Cultural”, organizado por el MERCOSUR Cultural el 17 y 18 de mayo de 2006.

Un concepto surgió para esta finalidad: “Cuenta Satélite de Cultura”, que se define como un sistema de medición económica para cuantificar y calificar la importancia de la cultura para la economía. El término “satélite” se refiere a la construcción de un método para medir la cultura que gira en torno a conceptos, definiciones, clasificaciones y reglas oriundos de un Sistema de Cuentas Nacionales (SNC) publicado por la Organización de las Naciones Unidas en 1993 y adoptado por la mayoría de los países para medir sus economías.

Desde diciembre de 1997, Brasil sigue este Sistema a través del Instituto de Geografía y Estadística (IBGE). La Secretaría de Economía Creativa, recién creada en el Ministerio de Cultura, desarrolla una metodología para recolectar los datos sobre la cultura, en asociación con el IBGE. La propuesta es la de reunir académicos y profesionales de la cultura para ayudar al desarrollo de una Cuenta Satélite de Cultura en Brasil.

Sheila Rezende, del sector de Comunicación del Ministerio de Cultura de Brasil, afirmó que “las cuentas satélites son una extensión del Sistema de Cuentas Nacionales (SNC). Ellas fueron creadas para expandir la capacidad de análisis de las Cuentas Nacionales sobre determinadas áreas, como la cultura, por ejemplo.” En otras palabras, el Sistema de Cuentas Nacionales es una herramienta de la Economía que también sirve para calcular con precisión los impactos económicos de la actividad cultural o de las industrias culturales en un país. De manera similar, hay Cuentas Satélites que se emplean en otras áreas, como la previsión de que el turismo reciba esta metodología en Mozambique a partir de 2012.

El sector llamado Economía de la Cultura mobiliza la creación de estas Cuentas Satélite de Cultura en varios países. Los tentáculos de la Economía se alargan a fin de alcanzar áreas hasta ahora poco exploradas. La economía brasilera pasó a la del Reino Unido en diciembre de 2011 y opera como si todo pudiese convertirse en mercaderías a fin de engordar los números que la sitúan en una posición privilegiada. Mientras tanto existe el riesgo de ampliar demasiado la extensión de aquello que se comercializa dentro de la categoría “cultura”, dejando pocas opciones para una transformación social.

La audacia de los gestores culturales ha sido tanta para encuadrar a la cultura como una sub-área de la Economía que poca autonomía institucional les queda a los que esperan una respuesta menos utilitaria de aquello que producen, comunican y asimilan sin fines lucrativos. Ni toda cultura, mientras tanto, es hecha para generar renta, exportación, empleo y otros índices que se agregan a las estadísticas de la Economía.

Esperemos que los grupos históricamente desfavorecidos no se descoloquen de los caminos de la Economía de la Cultura. Aguardemos las primeras conclusiones del desarrollo del Sistema de Cuentas Satélites de Cultura en Brasil.

 

* Traducción del portugués: Miguel Guaglianone.

Desenvolvimento: chiavegatti.com.br