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Textos Sul-Americanos

PEC 416: La cultura en el ojo del huracán

Bruno Peron, 23 de Junio de 2012

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La Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) 416/2005 dio un paso adelante en la primera vuelta de su votación en la Cámara de Diputados, luego de un trámite de siete años (Agência Brasil, Câmara dos Deputados aprova PEC da Cultura em primeiro turno, 30/05/2012).

Según información de la Cámara de Diputados (http://www.camara.gov.br/proposicoesWeb/fichadetramitacao?idProposicao=290677),el diputado federal Paulo Pimenta (PT-RS) presentó la PEC 416 el 16 de junio de 2005. La finalidad de esta propuesta es agregar el artículo 216-A a la Constitución Federal de 1988 para instituir el Sistema Nacional de Cultura (SNC). Éste, a su vez, tiene como objetivo la integración de las políticas culturales en las instancias federal, estatal y municipal de gobierno. En lugar de la defensa de una “cultura nacional”, la Propuesta trata, al contrario, de dar flujo a las diversidades.

En un documento de tres páginas de contenido denso, el diputado federal Paulo Pimenta propone la sistematización de las instituciones (públicas y privadas) del sector cultural en el país con el fin de “tratar a la cultura en su dimensión más amplia, como instrumento de la construcción de la identidad de un pueblo, como condición de vida, como ejercicio de ciudadanía; es una responsabilidad de Estado que el Brasil necesita asumir.” Hay mucha densidad en pocos parágrafos en este documento, visto que se busca una ampliación del alcance de la cultura y su recurso para definir ciudadanías e identidades, y garantizar mejor calidad de vida para nuestro pueblo.

En la propuesta del artículo 216-A y con efecto comparativo, el “Parágrafo único” formula que “El Sistema Nacional de Cultura estará articulado como los demás sistemas nacionales o políticas sectoriales, en especial como los de Educación, Ciencia y Tecnología, Turismo, Deporte, Salud, Comunicación, Derechos Humanos y Medio Ambiente, conforme a la legislación específica sobre la materia.” El modelo de gestión del Sistema Nacional de Cultura es comparable al que establece el Sistema Único de Salud (SUS), donde el gobierno federal actúa como articulador de políticas. De esta manera, algunas finalidades del Sistema Nacional de Cultura son: sugerir un patrón de organización institucional a varias instancias del gobierno, coordinar y organizar sus políticas culturales, y evitar la interrupción de las mismas con los cambios de gobernantes.

Es inevitable, sin embargo, que luego aparezca la discusión sobre si los gobiernos municipales o estatales se dispondrán o no a adherirse al SNC debido a la incertidumbre sobre si habrá aumento de los recursos federales –y de cuánto sería éste– para la realización de sus proyectos y políticas. Se desconfía de que la adhesión uniformice las actividades y centralice las políticas culturales del país en el gobierno federal en vez de generar beneficios que trasciendan las reformas institucionales previstas, tales como tener una Secretaría de Cultura y un Consejo de Cultura.

La cultura está en la base de cualquier política porque no se refiere solamente a la veleidad de asistir a una película en el cine o a ir al teatro en el fin de semana. En la eventualidad de que el billete de cine o el de teatro se torne demasiado caro para los espectadores, muchos se equivocan al decir que una actividad alternativa no será “cultura”. Como resultado, no se debe referir a la cultura solamente como un conjunto de “bienes” de un disfrute inconstante. El desafío es esbozar cómo la cultura conseguiría dejar de ser un factor secundario y pasaría a orientar programas y fundamentar proyectos alternativos para el desarrollo.

La cultura no dejaría de ser “bienes” y “productos” en algunas de sus acepciones, pero hay que ampliarla o estar atentos a fin de que la búsqueda frenética de recursos financieros para fomentar industrias no se confunda con la cultura como razón de impulsar políticas que desarrollen el país. Esta tarea, finalmente, exige la participación de ciudadanos preocupados por su futuro.

 

* Traducción del portugués: Miguel Guaglianone.

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